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jueves, 13 de julio de 2017

Reseña Nº 168: El séptimo hijo

El séptimo hijo (Alvin Marker I)

ricardo-carrion
Orson Scott Card
Ediciones B
Nova
301 Páginas
Ucronía-Fantasía
Primer libro de la saga Alvin Marker.


Orson Scott Card nos presenta una Norteamérica alternativa de principios del siglo XIX. En donde los diversos estados que se han ido formando, continúan bajo el dominio de la corona británica. Son los momentos previos a la independencia, donde nombres como los de Ben Franklin y Thomas Jefferson toman fuerza.

"Dicen que conocía a ese brujo de Ben Franklin. Y a ese ateo de los Apalaches, Tom Jefferson". Pág. 237. 

En este ambiente colonial, existe un pequeño pueblo en las cercanías del río Hatrack. Hacia él, se dirige una numerosa familia de colonos, que consta de seis hijas y seis hijos. El padre, Alvin Miller, está muy ansioso por llegar pronto a una posada, ya que su esposa, Fe, está a punto de dar a luz. Alvin Miller es un séptimo hijo varón, por lo que, si su esposa da a luz un varón, su hijo sería el séptimo hijo de un séptimo hijo varón. Aquel suceso tan extraordinario, le otorgaría increíbles dones o poderes al recién nacido. 

Las esperanzas de Miller, al perecer, son bien fundadas, ya que extraños sucesos ocurren esa noche. Una fuerza muy grande quiere evitar a toda costa el nacimiento de su hijo, lo que quiere decir que, alguien muy poderoso está preocupado por la llegada de un rival; un antagonista. Sin embargo, Alvin Junior, logra nacer.

"No sabe lo que ve, pero sus ojos ya saben mirar" Pág. 54. 

El pequeño Alvin desconoce la naturaleza de sus poderes, es un simple niño inquieto que vive en eternas rencillas con sus hermanas y hermanos. Sin darse cuenta, sufre muchos accidentes que, podrían acabar con su vida. Sus padres se desviven por protegerlo de ellos, saben que hay una esencia maligna que lo amenaza a cada instante. 
Cuando por fin la familia completa se encuentra asentada en la Región de Wobbish, Alvin Junior ya posee alrededor de diez años, por lo que poco a poco comienza a tomar conciencia de sus poderes y, de cómo funcionan, como también de que hay una extraña fuerza que intenta dañarlo, capaz de corromper incluso a sus seres más queridos. Pero, al mismo tiempo, el pequeño cuenta con una especie de guardián, que siempre actúa en los momentos más oportunos para salvarlo. 

La Región de Wobbish es un asentamiento colonial que recién está tomando forma. Gracias al padre Philadelphia Thrower se está construyendo una iglesia presbiteriana, su intención es lograr que la gente acepte la soberanía de Dios y se olvide de los conjuros y hechizos que tan arraigados están en la zona. Junto a soldado de Dios, su más fiel ciervo, que a la vez, es el comerciante de la zona, intentarán aplacar la brujería que muchos practican, siendo su mayor escollo, el pequeño Alvin Junior, en quien ven extraños poderes sobrenaturales. Un misterioso visitante alentará al padre Thrower a tomar medidas más drásticas, antes de que Alvin logre descubrir su verdadera potencialidad.

"El predicador se había refugiado en la autoridad tan pronto como empezó a temer que sus ideas pudiesen no sostenerse por sí mismas. Cuando la autoridad se erigía como arbitro, era imposible todo debate racional". Pág. 135.

Una cualidad de muchos mundos fantásticos es el paisaje natural, con bosques y poca intervención humana; un paisaje alejado de la industrialización. Por eso muchos escritores de fantasía se inventan pueblos y aldeas basados en épocas pasadas. Orson Scott Card, decide no inventarse un paisaje, sino viajar al pasado mismo e instalarse en la Norteamérica preindustrial. Allí, en medio de la naturaleza, el colono debe producir su alimento en base al duro trabajo de la tierra, al esfuerzo físico, y a las largas distancias recorridas. Esta última característica le confiere a los pueblos y familias, un componente de aislación, que promueve mucho los conocimientos locales en materia de hierbas y todo tipo de amuletos para el bienestar familiar o para provocar males. La mal llamada brujería que está instaurada en estas regiones, es un compendio de hechizos y conjuros que la mayoría de las familias saben utilizar y sacarle provecho. Incluso, algunos de los habitantes tienen dones o poderes, debido a ciertas pautas de su nacimiento, como es el caso de Alvin Junior. Este conjunto de habilidades paganas, son las que utiliza el autor para darle el toque fantástico a lo que en un comienzo parece ser sólo una ucronía.

"... es la maldición de los buenos cristianos de América, que estamos hasta la coronilla de teas, hidrománticos, conjuradores y dotados, y un niño no llega al metro de altura aquí sin toparse con alguien que lanza una maldición o sin cruzarse con los hechizos de algún bromista". Pág. 113.

No hay nada más fantástico en el libro que los poderes, conjuros y hechizos de los colonos. El autor se basta con esos elementos tan simples para impulsar la trama. Como es clásico en Card, prepara un personaje desde la niñez para ir siguiendo su desarrollo a lo largo de una serie de libros. Por lo tanto, se enfoca en los orígenes y la niñez de Alvin Junior, creando una historia más que nada introductoria. No hay grandes giros, tramas ocultas, ni sucesos asombrosos. Simplemente se dedica a narrar una trama de tres hilos que entreteje a la perfección.
El primer elemento que utiliza es la ambientación histórica, donde poco a poco va dejando ver los detalles que ubican al lector cronológicamente en el tiempo. El segundo tiene que ver con los elementos mágicos, los conjuros, hechizos, y el don de Alvin. El tercero es el poder oculto que intenta eliminar al protagonista.
Es una historia donde se va generando la sensación de descubrimiento de forma escalonada. Crea una tensión narrativa constante, sin acelerarla nunca, con esos tres simples elementos, a veces todos en conjunto, o de forma separada. Lleva al lector por un camino en donde siempre descubre algo nuevo. Card muestra toda su pericia como narrador. Incluso, en el inicio del libro, se da el gusto de enganchar al lector con una escena muy simple, demasiado simple, en donde una pequeña niña tiene miedo de buscar los huevos bajo una gallina de muy mal genio.

"Y allí estaba Mary la Mala en su cajón de ponedora, la peor pesadilla del demonio, con el odio brotando de sus ojos repugnantes, como si dijera: ven aquí, niñita, te voy a picotear". Pág. 13.

Los personajes están muy bien trabajados. Al no agregar elementos fantásticos en exceso, tiene el espacio suficiente para introducirnos en ellos de una forma muy clara, apoyándose en pequeñas acciones que, al ir sumándose, van completando el cuadro de cada uno de ellos. Muchos son demasiado jóvenes, incluso niños, por lo que al entregarles "ciertos poderes", pueden mostrarse más maduros de lo que deberían ser, lo que logra controlar con situaciones cotidianas y simples, como el miedo que siente una niña por una gallina mal genio.

Hay una temática religiosa muy fuerte, que mueve principalmente a los antagonistas. Hay un enfrentamiento entre brujería y religión. En donde la iglesia presbiteriana irrumpe en un mundo dominado por fuerzas naturales, cuyo control está supeditado a dones y conjuros. Detrás de esta aparente lucha religiosa, se esconde la eterna rivalidad entre el bien y el mal, la luz y la oscuridad. Pero, como en todo, no hay una clara delimitación y se entremezclan causando dudas y cuestionamientos en los personajes.

"La única visión verdadera no es la que proviene de Dios, sino de lo más recóndito de la mente humana". Pág. 123.

Hubo dos momentos en que Card bajó el ritmo de la narración, y fue precisamente, cuando dio dos saltos temporales para introducir personajes nuevos a la trama. Corrió el riesgo, porque era absolutamente necesario, ya que esos personajes eran fundamentales para la historia. Pero recuperó el ritmo inmediatamente. El punto más bajo del libro es el final, ya que no logra un cierre argumental completo. El final es simplemente otra escena más dentro de la historia, que mantiene el ritmo hasta el final, dejando claro que la continuación es absolutamente necesaria para conocer el destino que recién se comienza a vislumbrar en sus protagonistas. A pesar de eso, quedé encantado con el libro, ya que utiliza elementos muy simples para hacer llamativa una historia. Es un claro ejemplo de que no siempre es necesario que los libros de fantasía contengan escenas asombrosas que te dejen sin habla, sino que basta con sacarle provecho a ideas simples, a través del talento narrativo del autor.

Muchas gracias a Ediciones B Chile por el envío del ejemplar

Ricardo Carrión
Administrador del blog