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jueves, 3 de agosto de 2017

Reseña Nº 172: La borra del café

La borra del café (1992)

ricardo-carrion-eligeunlibro
Mario Benedetti (1920 - 2009)
Editorial Planeta 
Planeta lector
220 Páginas


¿A dónde van las nieblas, la borra del café, los almanaques de otro tiempo?Julio Cortázar.

Con esta cita inicia La borra del café, novela del escritor uruguayo Mario Benedetti. En apenas 200 páginas, Benedetti nos cuenta la vida de Claudio, desde su niñez hasta su adultez. Para ello, se sumerge en la cotidiana vida del Montevideo de mediados del siglo XX. La familia de Claudio es algo nómada, cambia de casa constantemente por diversos motivos, en los cuales nunca ha estado incluido el económico. Esto los lleva a cambiar también de barrio, por lo cual, al adentrarnos en el libro, nos empapamos de la esencia de la cultura uruguaya.

¿Cómo contar casi toda una vida en tan pocas páginas? Benedetti, utiliza una narración fragmentaria, en donde nos muestra pequeños trozos de la vida de Claudio. Son 48 fragmentos muy breves, con los cuales arma un cuadro precioso de una vida normal; la belleza de lo cotidiano.

A través de los personajes que se relacionan con el protagonista, vamos descubriendo esas pequeñas características que hacen tan pintoresco al pueblo uruguayo, como los amigos del barrio Capurro, los abuelos paternos y maternos, sus tíos, la sirvienta yugoslava que representa a los inmigrantes y, sobre todo, sus padres.

"Capurro era la resonante campana del tranvía 22 y los malabarismos del motorman, las expectativas del paso nivel cercano a  Uruguayana, o eran mis conversaciones con Mateo y sobre todo los abrazos acogedores de mi madre..." Págs. 179-180.

De telón de fondo se vive la segunda guerra mundial y, a través de los ojos de Claudio, nos enteramos de cómo se vivió desde esta parte del mundo dicho conflicto bélico. Se destaca el hundimiento de un barco alemán en la batalla del río de la plata, como también el lanzamiento de las bombas nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.

"Y el tiempo iba pasando y yo lo perdía, lo perdíamos todos. ¿Cómo queremos más? ¿Cómo superar las mallas de la indiferencia?" Pág. 182.

Los giros del libro no son de corte argumental, es la vida misma la que le da puntos de inflexión a la existencia del personaje: la enfermedad de su madre, los cambios de casa, los secretos de la infancia,  las conversaciones con su amigo ciego Mateo, la universidad, el trabajo, su primera relación sexual y el amor. Pero, lo que parece algo cotidiano pasa al territorio de lo fantástico cuando los sucesos más significativos se desarrollan siempre a una hora específica: las tres y diez. Esto sumado a la aparición casi fantasmal de una mujer en diversas etapas de su vida y que, además, aparece en las lecturas de su borra del café junto a la imagen de una higuera, sumerge a la historia en el realismo mágico.

"Lentamente se fue moviendo por las ramas hasta que llegó a mi ventana y desembarcó en mi cuarto. Por entre mis lágrimas pude ver que era bastante linda, que tenía una mirada dulce y que su relojito de pulsera marcaba las tres y diez". Pág. 57.

Esa misteriosa mujer que se manifiesta en los momentos menos esperados, en su niñez, juventud y adultez, siempre relacionada con la extraña hora de las tres y diez, genera un enigma muy interesante que impulsa la novela y le da esa tensión narrativa necesaria para atrapar al lector. Misterio que se resuelve finalmente en un lapsus surrealista de la historia al final del libro.

"Me besó. En la mejilla, junto a la comisura de los labios, y se demoró un poquito en aquel contacto. Tengo la impresión de que ése fue mi primer borrador de felicidad". Págs. 58-59

Los temas que prevalecen en este libro son diversos como la vida misma, y siempre buscan el equilibrio. El amor de pareja está presente, pero no llega a ser protagonista como en otros de sus libros, comparte el escenario con la amistad, el amor filial, la felicidad, el enojo, la injusticia, la decadencia, la impotencia, la muerte y la empatía. Temas que generan diversas reflexiones que se serán del gusto de los más variados lectores.

"El trabajo fijo te va dando una sabiduría esencial, que probablemente viene de tocar la realidad con las manos, en tanto que el manejo de cifras y plantillas te va encerrando en una cueva de abstracciones". Pág. 173. 


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"He llegado a pensar que, después de todo, la conciencia es simultáneamente nuestro cielo y nuestro infierno. El famoso juicio final lo llevamos aquí, en el pecho". Pág. 181.